Desde fines del siglo XIX, las tradiciones criollas fueron para el pueblo de San Miguel la mayor atracción. Para sus pobladores que habían llegado de zonas rurales les fue muy natural trasportar a este medio aquello que felizmente habían vivenciado en el interior del país. Las carreras cuadreras y jineteadas, entre payadores y música folklórica, fueron las atracciones más destacadas. A estas fiestas llegaban de Pilar, Moreno, Merlo, Rodríguez y otros pueblos de los alrededores con sus preparadores más destacados. Cientos de personas de toda laya presenciaban y formaban parte del espectáculo donde se mostraban clásicos atuendos y prendas de gran valor como bombachas, sombreros, rastras y piezas en oro y plata. También caballos con lujosos aperos y bien alimentados de diferentes pelajes que pertenecían a las estancias de la zona como la estancia de los Quirno.